En una ocasión, Napoleón ordenó organizar una cacería de conejos para entretenerse con sus oficiales. Su jefe de gabinete, Alexandre Berthier, reunió cientos (algunas fuentes dicen miles) de conejos para el evento. Sin embargo, cuando los soltaron, en lugar de huir, los conejos corrieron hacia Napoleón y su equipo, rodeándolos.
El problema fue que Berthier había comprado conejos domesticados en lugar de salvajes. Estos veían a los humanos como quienes los alimentaban, así que corrieron hacia Napoleón esperando comida. Al final, él y su grupo tuvieron que huir de la invasión de conejos.
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